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Kenbeo kenmaro. Blog sobre ciclismo

Blog sobre ciclismo

28 de abril de 2008

una semana en las Árdenas

Amstel Gold Race. dos carreras. mejor dicho, una carrera de doce kilómetros con un eterno preludio de 245 kilómetros. al Keuteberg, el inabordable muro que llega al 22% y que está situado a doce kilómetros de la meta, llegó un pelotón exagerado, excesivo. el grano y la paja todo junto. probablemente, de no haber mediado su salvaje orografía, habríamos visto llegar a más de veinte corredores con posibilidades reales de disputar la victoria final en el Cauberg dando tiempo a un séquito cercano al centenar de ciclistas. una inesperada volata, sin duda, una Milán-San Remo en los bosques del norte de Europa. tal vez sea momento de sepultar el pinganillo, como concepto, para siempre. que sobreviva el instrumento pero que desaparezca el miedo, la precaución. que nos devuelvan la locura y la improvisación.

pero para eso hasta el Keuteberg. para que nadie gane en Valkenburg por “accidente”. allí, sepultó sus opciones Óscar Freire, por ejemplo, que de haber salvado semejante escollo, hubiera sido el favorito número uno doce kilómetros más tarde. si lo salvó Alejandro Valverde. y el Purito, su tercera pierna en estas carreras, el que siempre está ahí, la mano que llega donde no llega la de Alejandro. CSC también metió a dos corredores, Kroon y Schleck, pero ya parece norma que cuando en un grupo pequeño está Valverde, la responsabilidad sea suya, la naturaleza misma de la carrera dicta que la victoria es del murciano y que la lucha es por arrebatarle aquello que le pertenece. con Cunego, Dekker y Rebellin, como principales amenazas, Joaquím Rodríguez asumió el mando del grupo y controló cualquier atisbo de amenaza. dio tanta sensación de poderío en el desempeño de sus funciones que dejó la duda de si hubiera sido capaz de sacar a todos de rueda en el Cauberg, de haberse guardado algo para él. nunca lo sabremos, como no sabremos que habría pasado si Valverde hubiese elegido la rueda de Schleck o Cunego cuando el sprint se lanzó. un sprint pesado, denso, sobre unas rampas que tiraban de la bici hacia el centro de la tierra. Valverde se colgó de Rebellin y Rebellin no pudo seguir el acelerón de Schleck. Cunego sí y le dio tiempo a sobrepasarle para cruzar, brazos en alto, dedos al cielo, la meta. Schleck detrás con su cara de resignación y sus rodillas rozando una contra la otra por encima del cuadro. y Valverde tercero, por delante de su rueda, Rebellin. el primer español en el podio de Valkenburg y sin embargo una especie de sabor agridulce que esconde una duda: ¿por qué Valverde parece obligado a ganar lo que nunca ha ganado nadie o lo que él no ha sido capaz de ganar? ¿por qué Valverde tiene que ganar Tour, Vuelta, Mundial, Lieja, Amstel... y si no lo hace es que algo falla?

Flecha Valona. la Flecha Valona es el muro de Huy y el muro de Huy es la sublimación del sentido último de estas carreras de abril, de este viaje por carreteras estrechas en continuo desnivel donde los tramos llanos son una quimera y las autovías un sueño imposible. Huy es un muro de algo más de un kilómetro con rampas que llegan al 26% en la zona de la “chicane”. Huy es absurdo. como Arenberg o el Kapelmuur. como cualquier lugar intransitable para una mente sana. por fortuna, aun quedan mucha locura transformada en tradición irrenunciable.

como estas carreras son de la primavera uno nunca sabe que cielo se va a encontrar cuando despunte el día. en Charleroi amaneció gris y lluvioso. como en Flandes. como soñamos el día de Roubaix. y al final, esto, las nubes, el frío, el agua, condicionó a más de uno.

la carrera, su desarrollo, ha sido mil veces contado porque reproduce fielmente el esquema "actores secundarios en busca de gloria-permiso para trastear-se acabó el juego-es tiempo de los mayores”, o lo que es lo mismo, los equipos de los “patrones” de la carrera permiten una escapada a la que controlan en la distancia, como la madre que vigila al niño en el parque, desde su banco, rodeada de otras madres. cuando es momento de volver a casa, se recogen los trastos, la madre coge de la mano al niño y lo sube a casa en contra de su voluntad juguetona. ya no les dejan jugar más a héroes. en la Flecha Valona, el muro de Huy es la hora de los mayores, cuando los niños duermen. este año el más grande de los mayores fue Kirchen, un luxemburgués con aspecto de gladiador que se sirvió del inagotable afán de lucha de Evans para dar su golpe mortal a doscientos metros de meta. antes, Wegmann había sido cazado poco después de cruzar bajo la puerta hinchable del triangulo rojo que anuncia el último kilómetro en el ciclismo moderno. Cunego y Rebellin, dos de los favoritos a todo en esta semana, secundaron a los protagonistas del kilómetro más largo. el ganador de la Amstel completó el podio. si alguien pregunta por los españoles, dicen que les bloqueó el frío. para un murciano, imagino, un día así sólo invita al pijama, al sofá y al café. lo de ganar clásicas centenarias queda para los días de sol.

Lieja-Bastoña-Lieja. hace 116 años, Léon Houa, un belga nacido en 1867, ganaba la primera edición de esta carrera. repitió en 1893 y 1894. del mundo tal y como era hace dos siglos, queda poco. La Lieja es una de esas pocas cosas. de hecho, en el mundo del ciclismo, no queda nada más antiguo. por eso es La Decana, La Doyenne. hasta hace dos años, ningún español había sido capaz de vencer en el muro de Ans. en 114 años, nada. en 2006 Valverde fue el más rápido en un selecto grupo de clasicómanos. Bettini, Cunego, Di Luca, Schleck, Boogerd... todos por detrás, todos más lentos.

el año pasado volvió con la victoria como obsesión. había centrado parte de la temporada en este inmenso tríptico y había gastado las balas de Amstel y Flecha Valona, sin sacar rédito. una bala para media temporada. entonces, otro domingo como éste, Di Luca, el italiano que dominó el Giro con mano de hierro dos semanas más tarde, aprovechó el marcaje al que Valverde era sometido para conseguir su primera victoria, su tercer podio en una semana mágica. Alejandro fue segundo y otra vez la inexplicable sensación de fracaso en el ambiente.

probablemente Valverde aprendió el año pasado, en las Árdenas, a perder. y a ganar. porque Valverde había ganado siempre con tanta facilidad que nunca había tenido que emplear la táctica. simplemente era el más fuerte cuando había que decidir quién ganaba. de ahí lo de Balaverde. en La Lieja de este año Valverde se ha examinado. todo el año estudiando para un examen final con aroma de selectividad, de reválida definitiva. primero dejó que otros se moviesen para cazar al Purito cuando éste arrancó, no se sabe si tras el pequeño Schleck o amedrentando al inefable Bettini, heroico como siempre pero corto de forma. luego, cuando vio que Cunego y Evans, empollones que sólo se presentaban para subir nota, querían pero no podían, saltó tras Schleck, el mayor, y Rebellin, tan elogiable como Bettini pero con mucho menos carisma. los cazó y desde ese momento, la película cambió. “al hermano mayor siempre se le hace caso” comentaba Carlos de Andrés en la tele al ver como Fränk “sacrificaba” a su hermano pequeño. el Purito se descolgó lo que, paradójicamente, le dio una ventaja táctica a Valverde, ya que la responsabilidad pasaba a ser completamente de CSC. a San Nicolás, la cota de los italianos, llegaba Andy con escasos 10” de ventaja que Rebellin sobre todo, fue descontando. exhausto, el pequeño Schleck ni siquiera pudo coronar con los otros tres.

...y llegaron a Ans. el Fuerte, el Listo y el Rápido. como en los mejores western. como en el final de “El bueno, el feo y el malo”. Rebellin en cabeza. Schleck detrás. y Valverde, enseñado, como un titiritero con todos los hilos colgando de sus dedos, encerraba a los dos contra la acera, imposible arrancar sin su consentimiento. a Franck le abría la puerta y luego se la cerraba. Rebellin no tenía plan B. a doscientos metros de meta, el murciano se irguió, apretó los dientes, se “cambió de acera” y entró celebrando con más rabia que alegría una victoria que le convierte en leyenda dentro del ciclismo español. dos victorias, tres podios en tres años en una carrera que ninguno de “los nuestros” ganó antes. y no será que no tuvieron tiempo. 116 años son muchos. Alejandro Valverde también.

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escrito por sergio a las 12:34

1 comentario(s):

El martes, 24 febrero, 2009  Blogger Unknown dijo...
Acabo de dar con tu blog; una alegria leer buen ciclismo. Acabo de publicar en mi blog un artículo sobre la última duda surgida en torno a Alejandro Valverde y la lacra del dopaje. Os dejo el enlace del artículo por si quereis pasar un rato de lectura
Un abrazo

http://elcapidefonsa.blogspot.com/2009/02/falsa-moral.html

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