hoy se subía el Galibier
hoy se subía el Galibier. a los aficionados menos familiarizados con la historia de este deporte quizá no les suene tanto como otras cimas con mayor repercusión mediática, como tal vez le suenan Alpe d'Huez, Mortirolo, Angliru o Tourmalet.
hoy se subía el Galibier. y además se hacía por su lado más complicado, enlazando con la subida del Télégraphe. es curioso porque, teóricamente, son dos puertos distintos, desde Saint-Michel-de-Maurienne se asciende hasta coronar el Télégraphe, luego se desciende durante algo más de tres kilómetros hasta Valloire para desde allí afrontar la subida al Galibier. pero esta división, geográfica, nominal y administrativa, no es real, no dentro del mundo del ciclismo. no desde luego en el Tour. en el Tour el Galibier se empieza a subir en Saint-Michel-de-Maurienne y se termina treinta y cinco kilómetros después, más de mil novecientos metros más alto que cuando se empezó.
hoy se subía el Galibier y aunque no sea la cima más famosa del ciclismo, aunque tampoco sea la más dura o la más alta, es el Galibier. y su sola mención ya posee una capacidad evocadora como pocas. el Galibier es la Historia, mayúscula, del Tour. fue de los primeros puertos alpinos en ascenderse, allá por 1911. su descenso, el mismo por el que han bajado hoy los corredores, se cobró la primera víctima mortal del Tour, un español, Paquillo Cepeda. el Galibier ha sido escenario, testigo mudo y juez impasible de las más épicas batallas que esta carrera haya dado. estaba ahí ya cuando Coppi y Bartali dirimían una rivalidad que trascendió el deporte para convertirse en una contienda política y social, en la carretera. siguió ahí para ver pasar a Gaul, Bobet o Bahamontes, a Anquetil y Poulidor dividiendo Francia, al gran Merckx asaltado por Ocaña, a Hinault y LeMond, a Perico, a Fignon. el Galibier coronó los cinco tours de Indurain o los siete de Armstrong y en sus cuestas, hacia arriba y hacia abajo, en medio de los dos últimos dictadores que ha tenido esta bendita carrera, Pantani, el último héroe, el Pirata que volaba como un Ángel, regaló la mayor gesta, la más bonita vista en las últimas décadas de ciclismo.
en el tour del 98, en el Tour del "caso Festina", cuando todo parecía que se iba a acabar, Pantani apareció en un día dantesco, gris, lluvioso, frío... apareció en el Galibier y le dio la vuelta a la clasificación, se catapultó al liderato, hundió a Ullrich, tal vez para siempre, rescató al ciclismo de las cloacas y lo subió al cielo, concretamente a 2645 metros de altura. nos devolvió a un ciclismo antiguo, generoso, épico, sin viaje de vuelta... de leyenda. un ciclismo en blanco y negro, en sepia. un ciclismo de héroes convertidos en dioses. y eso sucedió en el Galibier, donde sólo pueden pasar cosas grandes, desproporcionadas. por eso, cuando la carretera gira en Saint-Michel-de-Maurienne, cuando se cruza el río y se inicia la ascensión, independientemente de cuanto quede de etapa, de Tour, de cual sea la situación de la clasificación general, un hormigueo de incertidumbre y emoción recorre a corredores, aficionados y directores. porque todos tienen la certeza de que treinta y cinco kilómetros más tarde, algo habrá cambiado, tal vez para siempre, como le pasó al bueno de Ullrich o al bueno de Cepeda. ya se sabe, es el Galibier, siempre ha estado ahí, desde el principio de todo. y siempre estará. y todos nosotros, ciclistas y aficionados, no somos más que efímeras esquirlas desprendidas de su salvaje naturaleza de piedra y arena. sólo eso.
hoy se subía el Galibier. y no hay más que decir.
hoy se subía el Galibier. y además se hacía por su lado más complicado, enlazando con la subida del Télégraphe. es curioso porque, teóricamente, son dos puertos distintos, desde Saint-Michel-de-Maurienne se asciende hasta coronar el Télégraphe, luego se desciende durante algo más de tres kilómetros hasta Valloire para desde allí afrontar la subida al Galibier. pero esta división, geográfica, nominal y administrativa, no es real, no dentro del mundo del ciclismo. no desde luego en el Tour. en el Tour el Galibier se empieza a subir en Saint-Michel-de-Maurienne y se termina treinta y cinco kilómetros después, más de mil novecientos metros más alto que cuando se empezó.
hoy se subía el Galibier y aunque no sea la cima más famosa del ciclismo, aunque tampoco sea la más dura o la más alta, es el Galibier. y su sola mención ya posee una capacidad evocadora como pocas. el Galibier es la Historia, mayúscula, del Tour. fue de los primeros puertos alpinos en ascenderse, allá por 1911. su descenso, el mismo por el que han bajado hoy los corredores, se cobró la primera víctima mortal del Tour, un español, Paquillo Cepeda. el Galibier ha sido escenario, testigo mudo y juez impasible de las más épicas batallas que esta carrera haya dado. estaba ahí ya cuando Coppi y Bartali dirimían una rivalidad que trascendió el deporte para convertirse en una contienda política y social, en la carretera. siguió ahí para ver pasar a Gaul, Bobet o Bahamontes, a Anquetil y Poulidor dividiendo Francia, al gran Merckx asaltado por Ocaña, a Hinault y LeMond, a Perico, a Fignon. el Galibier coronó los cinco tours de Indurain o los siete de Armstrong y en sus cuestas, hacia arriba y hacia abajo, en medio de los dos últimos dictadores que ha tenido esta bendita carrera, Pantani, el último héroe, el Pirata que volaba como un Ángel, regaló la mayor gesta, la más bonita vista en las últimas décadas de ciclismo.
en el tour del 98, en el Tour del "caso Festina", cuando todo parecía que se iba a acabar, Pantani apareció en un día dantesco, gris, lluvioso, frío... apareció en el Galibier y le dio la vuelta a la clasificación, se catapultó al liderato, hundió a Ullrich, tal vez para siempre, rescató al ciclismo de las cloacas y lo subió al cielo, concretamente a 2645 metros de altura. nos devolvió a un ciclismo antiguo, generoso, épico, sin viaje de vuelta... de leyenda. un ciclismo en blanco y negro, en sepia. un ciclismo de héroes convertidos en dioses. y eso sucedió en el Galibier, donde sólo pueden pasar cosas grandes, desproporcionadas. por eso, cuando la carretera gira en Saint-Michel-de-Maurienne, cuando se cruza el río y se inicia la ascensión, independientemente de cuanto quede de etapa, de Tour, de cual sea la situación de la clasificación general, un hormigueo de incertidumbre y emoción recorre a corredores, aficionados y directores. porque todos tienen la certeza de que treinta y cinco kilómetros más tarde, algo habrá cambiado, tal vez para siempre, como le pasó al bueno de Ullrich o al bueno de Cepeda. ya se sabe, es el Galibier, siempre ha estado ahí, desde el principio de todo. y siempre estará. y todos nosotros, ciclistas y aficionados, no somos más que efímeras esquirlas desprendidas de su salvaje naturaleza de piedra y arena. sólo eso.
hoy se subía el Galibier. y no hay más que decir.
Etiquetas: galibier, tour de francia
escrito por Hubert a las 20:52 ![]()
