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Kenbeo kenmaro. Blog sobre ciclismo

Blog sobre ciclismo

1 de mayo de 2007

comienza la ascensión

corren buenos tiempos para el aficionado al ciclismo. quizá no tanto para el profesional pero si para el aficionado. alejado del colorido y exuberante glamour de la F1 o del motociclismo, del alcance universalmente trans-deportivo del fútbol o de la elitista consideración cultural del baloncesto; portada de diarios y cabecera de noticiarios sólo cuando es sacudido por algún escándalo de doping; objeto de continuos agravios televisivos en sus retransmisiones, el ciclismo es el gran paria de los deportes de masas.

pero el mal que aqueja al ciclismo no es sólo externo. de hecho, quizás el mayor daño que se le ha hecho y se le hace al ciclismo desde hace años es endémico. los más altos estamentos andan más de un lustro sumidos en una lucha de poder sangrante que amenaza, por encima de personalidades y cargos, a carreras y corredores. estos, por su parte, viven instalados en el victimismo, el corporativismo mal entendido y, paradójicamente, en la desunión. se quejan de tratos vejatorios y discriminatorios respecto a otros deportistas pero, al margen de si estas consideraciones son o no ciertas, consienten, se quejan a medio voz y con desgana para cuando uno de los suyos es cazado agachar la cabeza, transmitiendo al observador externo la sensación de que lo único que pasa por su cabeza es por esta vez me libré. luego, cuando alguien se atreve a salir a denunciar (caso Manzano, caso Simeoni, caso Festina...) queda aislado y repudiado. el criminal es el chivato, no el tramposo.

en este estado de cosas, las marcas comerciales, los patrocinadores, huyen despavoridos. el señor Verbruggen, el señor McQuaid y sus acólitos, directores deportivos de dudosa catadura moral como Patrick Lefèvre o el nefasto Manolo Saiz, se sacan de la chistera un invento como el UCI ProTour que, lejos de cumplir sus radiantes premisas (los mejores corredores en las mejores carreras) amenaza con exterminar toda la clase media del ciclismo, esto es, carreras que quedan fuera de "su" calendario y equipos y corredores para los que estas carreras representaban su modus vivendi, su razón de ser. así, sólo en España y en un año han desparecido la Setmana Catalana y la Vuelta a Aragón. este año parece ser que no se correrá tampoco el GP de Zürich. esta prueba, se disputaba desde 1914 y ni siquiera fue interrumpida por la II Guerra Mundial. donde no llegó la mano de Hitler, llega la de McQuaid y compañía.

¿y cómo puede resultar todo este contexto bueno para el aficionado, tal y como afirmábamos al principio? un aficionado que tiene que soportar el mismo e hiriente discurso cuando pone de manifiesto su pequeña pasión, sea en el entorno que sea y que se sostiene bajo la premisa de pero como te puede gustar si esos van todos puestos, hasta arriba.

pues nos gusta, sí, aunque sospechemos. nos gusta y lo defendemos porque el ciclismo es más, muchísimo más que un grupúsculo de arribistas mafiosos, médicos sin escrúpulos, indecentes directores, endebles cobayas o ídolos caídos. el ciclismo ha dado alguno de los momentos de mayor carga emotiva, de mayor belleza y mayor épica de la historia del deporte de élite. el ciclismo, su práctica, es sacrificio, esfuerzo y dignidad. encierra en sus entrañas algunos de los valores más dignos de la condición humana y el que lo practica tiene la sensación de aprender en la carretera lecciones para la vida cotidiana que lo hacen mejor persona. pero es, por encima de todo, la lucha de uno mismo contra los elementos y contra los propios límites. es la búsqueda infructuosa y satisfactoria del sentido absoluto de aquello que carece completamente del mismo.

por eso son buenos tiempos para el aficionado. porque lo que busca cualquier buen amante del ciclismo es el siguiente escalón, el nivel más alto de exigencia, la máxima dificultad. y esta puede ser una rampa del 11%, un descenso con lluvia o un tramo de pavés de cuatro kilómetros pero también una grave crisis que amenace con destruir aquello que ama. es entonces momento de alzar la mirada y armarse del convencimiento necesario para afrontar el reto, con la seguridad de que acabaremos triunfantes al otro lado. como siempre lo hemos hecho, como siempre nos enseñaron otros que debíamos hacerlo.

dicho esto, comencemos pues...

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escrito por Hubert a las 22:40